Manuel Saravia

Manuel Saravia Madrigal

Edad: 62 años.
Profesión: Concejal del Ayuntamiento de Valladolid (2011-2015), Licenciado en arquitectura, Profesor de la Universidad de Valladolid y ecologista.
Twitter: @manuel_saravia
Facebook:

 

Breve pauta biográfica

Entre las distintas formas de resumir la propia vida hay una que puede ser útil ahora: decir qué se ha hecho, qué cambiarías y de qué estás más satisfecho. Nací en Valladolid en abril de 1953. Tengo 61 años, esposa, tres hijas y un nieto. Estudié arquitectura, y desde aquellos años me he dedicado al urbanismo, tanto en la administración (trabajé en el Ayuntamiento de Valladolid un periodo corto; y también estuve varios años en la Diputación), como en la realización de trabajos profesionales y en la universidad (desde finales de los 80 soy profesor de la Universidad de Valladolid). Fui un tiempo director del Centro Buendía. Y organicé una exposición sobre urbanismo y derechos: “La ciudad en ciernes”. Desde 2011 me dedico exclusivamente a la política municipal. Tengo intención de regresar a la universidad cuando concluya mi trabajo en el Ayuntamiento. Me arrepiento de muchas cosas. Demasiada dispersión, por ejemplo (y no diré más). Y estoy satisfecho de los libros publicados, y muy especialmente de los que se dedican a la relación entre el urbanismo y los derechos humanos (el último: “Urbanismo para náufragos”). Pero sobre todo estoy muy contento y orgulloso de haber sabido (o de haber tenido la fortuna de) trabajar siempre con compañeros y compañeras excelentes: en casa, en la universidad, en los trabajos profesionales, en IU, en el Ayuntamiento: ése es mi mayor mérito. Y no es poco.

 

Participación en organizaciones políticas, movimientos sociales, etc.

He colaborado, desde los años 70, con asociaciones ecologistas, vecinales y universitarias, con colegios profesionales y con Izquierda Unida. Casi siempre en asuntos relacionados con el urbanismo. En distintas ciudades, la mayoría españolas (Madrid, Pamplona, Valencia, Zaragoza, La Orotava y otras de Castilla y León), aunque casi siempre en Valladolid. Las colaboraciones han consistido en la participación en cursos, mesas, elaboración de documentos, alegaciones, etc. Y también en la presencia y apoyo en actos públicos.

 

Breve pauta motivacional

Presento mi candidatura por dos razones, un condicional y un estado de ánimo. La primera razón, porque creo en el proyecto. La segunda, porque me siento comprometido con ese proyecto. Creo en “Valladolid toma la palabra” como proyecto de ciudad que pone los derechos de todas las personas (de la última ciudadana) por delante de todo lo demás. Que considera muchos buenos objetivos, pero que sabe que el valor de unos y otros no es equivalente. Que habla del futuro, pero también (y sobre todo) del presente. Que impulsa decididamente los valores de la izquierda: solidaridad y fraternidad, emancipación y libertad, la razón como forma de decidir, el sentimiento de justicia como anhelo, y el objetivo de la igualdad por encima de todos los demás. Que propone una defensa enérgica de la palabra y la política como servicio público. Que persigue una política tranquila, veraz, propositiva. Que defiende lo público y propone modificar profundamente las instituciones. Y que confía en la participación de todos y todas para conseguir una ciudad mejor. Me siento comprometido porque, estando en condiciones (personales y laborales) de asumir responsabilidades, creo que debo participar en el proyecto. Obligado con quienes hemos trabajado en los últimos años por cambiar la política municipal (en movimientos sociales, asociaciones, en la asamblea de IU); y de una forma especial me debo al trabajo de mis compañeros del grupo municipal (María Sánchez y Alberto Bustos). Y comprometido por aprovechar el trabajo y la experiencia de estos años en el Ayuntamiento. Creo en el trabajo en equipo, me debo a él y confío en él. Me presento también porque creo que puedo cumplir las condiciones exigibles al cabeza de lista. Con mis defectos (entre los que creo que no es el mayor el de hablar demasiado bajo) y mis capacidades (me gusta pensar, por ejemplo, que sé escuchar. Lo cual encaja: si se habla bajo, hay que poner más atención en la escucha). Me presento, en fin, porque siento que puedo contribuir, desde esa posición, al objetivo general de una ciudad amable. No solo (aunque también) por su cordialidad, sino sobre todo por su condición de justa, abierta y participativa: digna, en fin, de ser amada.