“Parece magia pero no lo es” crónica de la asamblea de programa del 28 de marzo

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A cualquiera que le cuentes que un centenar de personas han logrado ponerse de acuerdo en la revisión de un programa electoral de varios centenares de medidas, ciento seis páginas, en apenas seis horas te dirán que hay gato encerrado, que ha habido trampa, que no es posible.

 

Y no les faltará razón. Porque en efecto, hay trampa. No se consigue algo así sin un tanto de complicidad, algo de compromiso y un montón grande de responsabilidad. Y mucho, mucho tiempo de debate. 

 

24 semanas

Sí: han sido semanas y semanas (concretamente veinticuatro, que se dice pronto) desde que el octubre pasado un centenar largo de personas, de esas con nombre y apellidos, empezamos a dar forma a nuestro programa con lo primero que hay que hacer: dibujar entre todas qué modelo de Ayuntamiento queremos y redactar, línea a línea y de forma compartida, los objetivos de la que sería nuestra acción política desde la administración local.

 

Desde ese momento, y hasta el 28 de marzo, ha habido mucha magia, sí. Esa es la explicación de que en la primera mañana verdaderamente primaveral de este año, en nuestro último plenario, el debate de las 356 enmiendas haya sido agotador, pero increíblemente eficaz para conseguir lo que muchos pensaban inalcanzable. También han tenido que ver, claro, las docenas de reuniones previas de los grupos de trabajo que han estado perfilando las medidas, los miles de kilobytes que han circulado de ordenador a ordenador compartiendo medidas, propuestas, ideas que luego había que dar forma, etc.

 

Ese trabajo se ha rematado la pasada semana en los cinco grupos de trabajo programático, que han revisado una a una todas las enmiendas para llevar al plenario un informe en el que se clasificaban en tres grupos para debatirlas, y que se envió por correo previamente.

 

Enmiendas de colores…

Primero hemos repasado las enmiendas ‘verdes’, que cada grupo de trabajo proponía incorporar al articulado del programa porque eran una mejora evidente con el espíritu inclusivo y sumativo con el que siempre hemos trabajado en Valladolid Toma La Palabra. han sido la inmensa mayoría de ellas, cerca de un 80% que se han incorporado directamente. Tras ellas, las enmiendas ‘azules’ en las que el grupo tenía dudas o no encontraba acuerdo a su alrededor. Y luego las ‘rojas’, las que se proponían no aceptar porque su contenido estaba incorporado en otro apartado del documento, no se trataba de competencias municipales o eran contrarias a alguno de los principios de Valladolid Toma La Palabra.

 

Cada una de estas enmiendas se ha debatido en el plenario. Una a una. En una larga caminata que nos ha paseado entre tasas, aceras, concejalías o derechos. Hemos discutido sobre el significado profundo de cada medida, revisado sus pros y sus contras en debates que se ha ajustado al tiempo del que disponíamos y que nos ha permitido comprender las razones de unos, las dificultades que nos alumbraban otros,… Lo que es construir colectivamente, vaya.

 

Pero lo hemos logrado. Tenemos ya un programa de gobierno para hacer de Valladolid una ciudad más amable. Pero aún queda faena. Queda ajustar la coherencia a las aportaciones de decenas y decenas de personas y varios grupos de trabajo en un estilo común. Y queda, también, enfrentar nuestro programa a la ciudad, a organizaciones, colectivos y entidades de los que aprender para adaptar mejor nuestro proyecto de gobierno a las necesidades de la ciudad y sus gentes. Casi nada.

 

(Nota: Publicaremos el  programa con las nuevas aportaciones y las secciones reorganizadas en unos días. Hasta entonces, podéis consultar aquí el acta de la asamblea).