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“Un vaso de té en la jaima”, artículo de Rosalba Fonteriz

Artículo publicado el mes de junio de 2017 en Delicias al Día

El pasado sábado 17 de junio, la asociación de Voluntariado de la UVA volvió a celebrar el día de la Jaima en Valladolid con el fin de sensibilizar y concienciar a nuestros vecinos y vecinas de la situación del pueblo saharaui, hacernos partícipes de su cultura, de sus anhelos y sobre todo de sus necesidades.

Hace un año un grupo de personas compartimos té y charla en la jaima apostada en la Plaza de Portugalete con varios jóvenes saharauis; discutimos sobre la vida en los campamentos de Tinduf, sobre la situación de los presos políticos, y sobre la política del gobierno de Marruecos respecto al Sáhara Occidental.

Estos actos, aunque discretos y poco multitudinarios, nos sirven para hacernos reflexionar sobre la responsabilidad, o en este caso irresponsabilidad, de nuestro pasado colonial. Cuando España dejó el Sáhara Occidental en 1976, sin haber concluido el proceso de descolonización mediado por la ONU, dejó abandonados a los saharauis a su suerte. Muchos de ellos, unos 40.000, tuvieron que exiliarse en Argelia tras la invasión marroquí. Han pasado cuarenta años y unos 165.000 permanecen en los campos de refugiados de Tinduf con unas duras condiciones de vida: climatología extrema, frecuentes tormentas y escasez de agua y alimentos, por lo que dependen de la ayuda internacional para poder subsistir. Y tras estos cuarenta años siguen esperando poder volver a su territorio.

La vida es especialmente dura para los jóvenes. Apenas un pequeño porcentaje consigue obtener una educación superior; sin embargo, ¿qué perspectivas tienen de poder utilizar sus conocimientos en los campamentos? ¿Qué posibilidad de mejorar la vida del resto de refugiados y refugiadas?

La situación de los saharauis no ha avanzado en estos años y parece abocada a perpetuarse. Son muchos los intereses de Marruecos en el Sáhara Occidental. Pero no nos engañemos, no son patrióticos, sino puramente comerciales. La extracción de fosfatos de ese territorio reporta a las arcas marroquíes más de 1.250 millones de euros anualmente. Actualmente Marruecos es el mayor exportador mundial de fosfatos. Además, la mayor parte de las capturas pesqueras de marruecos se producen en las aguas del Sáhara Occidental.

A pesar de todo, puede verse un atisbo de esperanza y el comienzo de un cambio en el equilibrio de relaciones entre ambos: una resolución del 21 de diciembre del año pasado del Tribunal de Justicia Europea falló que el Sáhara Occidental no forma parte de Marruecos, lo que significa que ningún acuerdo comercial entre la Unión Europea y Marruecos es aplicable en el Sáhara Occidental y que no se puede establecer ninguna actividad comercial, ni exportar los recursos naturales de su territorio sin el consentimiento del pueblo saharaui.

En los últimos meses se han denunciado a las autoridades portuarias la presencia de barcos cargados de fosfatos marroquíes extraídos en los territorios ocupados del Sáhara Occidental; uno de ellos, de hecho, fue retenido durante más de un mes en Sudáfrica.

Nuestra responsabilidad es hacer que se cumplan los acuerdos. Nuestro gobierno debería implementar la legislación vigente para que se respete la reciente sentencia del TJUE. Los ciudadanos y ciudadanas podemos optar por un consumo que evite productos procedentes de los territorios ocupados comercializados por Marruecos.

Esperamos que esta resolución sea el comienzo del camino que lleve a la resolución de la ocupación del Sáhara Occidental y que permita a los refugiados la vuelta a sus territorios en un plazo corto.

Rosalba Fonteriz

Concejala de Valladolid Toma la Palabra